Esto cambiará tu vida: El secreto de un limpiabotas de Nueva York

Escrito a mano por Vic Blázquez

SIN LA REGLA 369

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En 1917 el único olor que impregnaba las calles de Queens eran las de la tinta de los periódicos y el betún de los limpiabotas. Mientras que los blancos leían el periódico, los negros limpiaban sus zapatos a cambio de 10 centavos. Esa mezcla de olores, acababa entrando en tu cuerpo sin que pudieras olvidarlos nunca y haciendo de Nueva York, «La Ciudad».

En Nueva York han habido miles de limpiabotas, miles de historias y miles de mejores métodos para hacer que la piel de los zapatos de «Los con dinero» queden brillantes. Al final, cada día, había toda una competición para que el blanco de turno no se fuera con el negro de al lado. Y no me mires así, es el lenguaje que se usaba en la época. Yo solo soy quien cuenta la historia.

Si la diferencia hacía que los blancos fueran con uno u otro negro, la mejor diferencia, hacía que uno u otro negro ganase más o menos. Y durante mucho tiempo las diferencias fueron algo más de comida o un sombrero nuevo. Hasta que llegó «El amarillo», un chino. Y aquí es donde se pone interesante la historia.

zapatos

La forma de limpiar los zapatos es todo un arte. Hay quien quita los cordones, quien utiliza cepillos de pelo de caballo, betún, resinas, pastas anti-cortes… No siempre utilizar todo es mejor. Y no siempre utilizar lo mismo funciona. Sin embargo, el chino siempre iba con su misma caja de madera y siempre utilizaba la misma manera de limpiar zapatos.

Su forma de hacerlo era rara, incluso la forma en la que sujetaba cada herramienta era rara, pero al acabar, siempre aplicaba una especie de aceite de un pequeño frasco con letras chinas. Y ese frasco, lo cambió todo.

El chino llegaba tarde y se iba pronto, no se relacionaba con nadie y ni siquiera intentaba atraer a los blancos como sí que lo hacían todos los negros de la zona. Desde primera hora de la mañana, antes de que fueran a trabajar, grandes sonrisas de dientes amarillos atraían a su rectángulo de limpiabotas a los blancos del lugar. Pero el chino no lo hacía así.

El chino llegaba cuando quería, se sentaba y esperaba. Y al final, acabaron llegando. Un blanco que salió antes del trabajo quiso que el chino, el único que no era negro de todos los que ahí limpiaban zapatos, le limpiara sus zapatos. Ni una palabra, ni una conversación para que el tiempo pasara más rápido y ni una sonrisa. Simplemente se dedicó a cepillar, aplicar, limpiar y volver a cepillar. Hasta que sacó el pequeño frasco de aceite y al blanco le llamó la atención.

chino

El olor era muy fuerte, incluso desagradable, y parecía que ese aceite iba a hacer más mal que bien. Pero, como te he dicho. Ese último ingrediente lo cambió todo. Nunca antes unos zapatos habían quedado tan brillantes. Y se corrió la voz.

A la semana eran los blancos quienes esperaban a que llegase el chino para que les limpiase los zapatos. El chino ni había subido el precio, ni trabajaba más horas, ni lo hacía más rápido. El chino seguía como el primer día. Llegaba tarde y se iba pronto. Y eso a los negros no les gustó.

Los negros bajaban los precios, trabajaban más horas, traían a sus primos para que fueran con carteles colgados y amenazaron de muerte al chino. El problema era que cuando llegaba el chino siempre estaba rodeado de blancos y cuando se iba se rodeaba de chinos iguales a él. Era imposible amedrentarle.

Era tal el poder del chino que en poco más de tres meses no había blanco que no se limpiara los zapatos en su metro cuadrado de acera. Y los negros de Queens tuvieron que cambiar de trabajo. Un solo hombre, una sola persona, trabajando menos y sin esforzarse, había conseguido quedarse con todo Queens.

aceite

Esta historia se ha contado en la actual China Town de Nueva York durante años. Es una de esas leyendas modernas que tienen más de realidad de lo que parece. Y es una historia que cambia la vida de quien la escucha por una única razón. Está comprobado que hagas lo que hagas en la vida, sea lo que sea lo que te propongas, si tienes tu propio frasco de aceite, lo conseguirás.

El frasco de aceite no solamente es algo único que nadie más tiene, es algo increíblemente bueno. Algo que consigue lo que el resto no consigue. Eso es lo que tienes que conseguir. Tienes que conseguir tener tu propio frasco de aceite. Y quiero que quede bien claro. Esto cambia la vida si sabes interpretarlo. Y muchos chinos lo saben interpretar.

Es uno de esos conocimientos antiguos que nadie te cuenta y que quiero que sepas. No busques solo tu diferencia, sino busca la diferencia que sea increíblemente buena y que consiga algo que el resto no consigue. En mi caso, mi frasco de aceite son los vídeos de motivación. Es algo, para mí increíblemente bueno porque ayuda a quien lo ve, que nadie más hace. Esta diferencia hace que en mi pasión, que es la motivación, que es escribir y que es ayudar, yo destaque.

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