La píldora roja: Cómo te engaña tu mente para fracasar (Parte 2/2)

Escrito a mano por Vic Blázquez

SIN LA REGLA 369

Este artículo forma parte del blog antiguo y por eso no sigue la regla 3·6·9

Puedes comprpobar la diferencia leyendo el nuevo blog.

Descubre la regla 369

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Este artículo es la segunda parte de un artículo anterior (leer aquí)

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Cuando hago este tipo de artículos no los hago para el corto plazo. Por ejemplo, un artículo sobre cómo leer más rápido es un artículo para el corto plazo. Este artículo es algo que sirve para quitarte una venda, darte más visión y seguir adelante. Confía en mí, estos artículos son de los que te acuerdas pasados los años.

Que tu mente te engañe es una forma de mantenerte alerta. Una forma de que no te duermas en los laureles contigo mismo. El problema hasta hoy era que si no sabías que tenías que estar alerta, no lo estabas. Ahora ya te has tomado la píldora roja, has despertado y sabes que tú eres tu enemigo inconsciente pero tu amigo consciente (relee esta última frase). Pongámonos manos a la obra, cojamos cada parte del artículo anterior y busquemos juntos la forma de no volver a caer en la trampa. Es hora de juntar las piezas del puzzle.

Completando el puzzle

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El efecto péndulo, las múltiples excusas y el error de la perfección son las tres piezas que tu cerebro usa contra ti. Ahora que las conoces tienes que saber qué hacer con ellas. No es tan fácil como parece y hacen falta 3 herramientas con las que luchar:

De nada sirve este artículo si dentro de dos días, dos semanas, dos meses o dos años sufres del efecto péndulo y no te das cuenta de ello. Tampoco sirve de nada que sepas que las excusas no sirven de nada si cuando te pones una excusa te dices a ti mismo: «esto no es una excusa». Si te tienes que quedar con algo quédate con esto: no dejes algo hasta llegar al final, cualquier cosa que te aleje de tu objetivo es una excusa (sí, romperte un brazo es una excusa) y nunca va a ser el momento adecuado para hacer algo.

Luchar contra la amenaza.

El problema de luchar contra tu mente es que necesitas tener fe. No hablo de religión, no hablo de misticismo, hablo de tener fe. Hablo de que desde hoy, no vas a tener certeza de si lo estás haciendo bien o no. No vas a saber si merece la pena luchar o es mejor dejarlo de lado. No vas a saber si lo que yo digo son tonterías, y por tanto debes esperar a la perfección antes de actuar, o si estoy en lo correcto. El tiempo crea incertidumbre y la incertidumbre, dudas. Y es en ese momento de dudas donde muchos vuelven a caer y donde tú no debes caer. ¿Cómo?. Teniendo fe. Sí, es muy fácil decirlo y muy difícil hacerlo pero no existe otra forma de conseguirlo. Y si no me crees, es que ya has perdido la fe.

Solo hay una forma de vencer a la amenaza y es cuando consigues algo. Cuando puedes demostrar que esto funciona, tu cerebro te da la razón. Hasta ahora tu cerebro no tiene forma para demostrar que el efecto péndulo, las excusas y la búsqueda de la perfección son malas, pero en cuanto consigues lo que te propones, sea lo que sea, luchando contra las trampas de tu cerebro, ya nunca vuelven a aparecer. La única forma de abrirle los ojos a tu cerebro es mostrarle que tu forma de hacer las cosas, funciona.

Luchando contra las sombras

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Vale, no todo es tan bonito, no todo acaba ahí. Tu cerebro es muy inteligente y cada cierto tiempo va a querer volver a las malas prácticas. Va a querer volver a las sombras, a las trampas y a intentar engañarte otra vez para que vuelvas a caer. Por supervivencia, tu cerebro es un experto creando dudas y en cuanto aceptas esa duda aparece esa inseguridad que puede volver a que caigas en un efecto péndulo, en buscar excusas o en esperar a la perfección. Prepárate para excusas como:

Fue por suerte, la verdad es que solo ha funcionado esa vez y ya no va a volver a funcionar. Mejor lo hago a mi manera.

Esta vez es algo demasiado importante como para jugármela.

Mejor lo malo conocido…

No me apetece nada hacerlo. Estoy sin ganas, sin energía, sin fuerzas.

No vale la pena intentarlo.

Esas sombras llegan en tus peores momentos, cuando estás más acabado y cuando es más fácil que acabes cayendo en ellas. Pero, ¡ojalá solo fuera en tus momentos malos!. Tu mente es tan rara que incluso en los buenos momentos va a querer generar dudas. Tu misión, y según pase el tiempo en menor medida pero siempre en alguna medida, será la de esquivar esas dudas que cree tu mente constantemente.

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